Hay momentos en los que nuestras consecuencias nos abren los ojos. No solo nos podemos dar cuenta de que nos hemos equivocado, sino que también podemos ver que la equivocación ha sido de los demás. Sea de la forma que sea, esto nos implica un cambio de comportamiento. Saber distinguir quién es el culpable es lo que realmente nos permite progresar; si nos hacen creer culpables de lo que no somos, es cuestión de tiempo ir cayendo en un abismo infinito, costoso de subir.