lunes, 1 de junio de 2015

Bam

¡Qué fuerte habrá sonado el golpe que me he dado!

A veces, las cosas van tan mal, que uno pretende girar la cabeza y olvidarse de todo, y darle mil vueltas a lo que ocurre para encontrar una salida. Tal vez, para otra persona, hubiese sido más fácil asumirlo todo, en vez de seguir buscando soluciones donde no las había; para mí, no lo ha sido. No recuerdo que haya pasado nunca algo así.

En vez de irme por las ramas, tratando de descomponer todo y quedarme solo con lo bueno, tal vez hubiese sido mejor aceptar que lo bueno y lo malo a veces va ligado de la mano; tal vez hubiese sido mejor aceptar que, si va mal, va mal, sin más, y que se ha de empezar a actuar como se tiene que actuar si va mal. Y es bastante obvio que los tal vez es un recurso de escritura para dejar todo un poco en el aire y no mostrar lo absolutamente convencido que estoy de todo ello.

A veces, las cosas buenas van ligadas a las cosas malas, irremediablemente, y es absurdo pensar que se pueden separar, porque, simplemente, no se pueden (a menos que vivas dentro de tu cabeza, sin más). A veces, incluso las cosas buenas, lo son porque nos empeñamos en ver que son buenas.

Algo notaba que estaba fallando en todo este planteamiento, mas me alegro de haber ido sintiendo y asimilando cada momento en que he fallado, por nula solución que ahora pueda darle.

¿Hemos matado a alguien? No.

¿Hemos perjudicado a alguien? Sí.

¿Podríamos haber matado a alguien? Quién sabe. No quiero ni imaginarlo, aunque sé la respuesta. Lo importante es que ya me he dado el golpe, y que a partir de ahora puedo hacer que vaya todo a mejor; y mejor dicho que lo importante: lo que queda.

Hay que ser optimista (me he prometido no utilizar insultos en este blog) para ignorar tanto como he ignorado. ¿Por qué las únicas personas en las que he confiado han sido las que me perturbaban? Es obvio: necesitaba un cambio; no he sido capaz de ver antes que no era ese.

Espero no volver a ser optimista nunca más. No quiero. Me niego a serlo, al igual que voy a darme un capón cada vez que vuelva a racionalizar o a intelectualizar. ¡No! El optimismo es para necios, al igual que el pesimismo; ellos dos solo ciegan, y no dejan ver la realidad.

¿Que qué es la realidad? La realidad es lo que está pasando, y a veces pasan cosas malas y las ignoramos (y a veces cosas buenas y lo mismo, pero estamos hablando de mis errores).

¡Qué odisea! No estoy nada orgulloso, pero ya puedo concluir (y una cosa es intelectualizar, y la otra es no querer expresar más de lo necesario para que se entienda).

...

Me voy a dejar cosas por escribir, porque hacerlo tampoco me va a servir de nada y no me apetece. Me apetecía dejar la huella de mi punto de inflexión, para poder seguir adelante en el blog. Suficiente.


Oh, you were majesty... In the end.

No hay comentarios:

Publicar un comentario