Hablar más no lleva al entendimiento. Las palabras ayudan a entender, pero no son lo único necesario para ello.
Para entender, hacen falta puertas abiertas. No sirve de nada lanzar palabras contra la pared.
A veces, cuando se entiende un poco, esperar a que se abran las puertas llena nuestros ratos de impotencia, y nos hace volver a intentarlo por medio de las palabras, porque ya se saben las soluciones; porque no hay más que hacerlas ver. Cuando se entiende un poco más, se entiende que no sirve de nada volver precipitar nuestras voces a esos muros abismales e impenetrables, porque se entiende que hay cosas que, aunque nosotros comprendamos, solo podrá llegar a concluirlas uno mismo.
Ay, la espera. A veces, la espera se vuelve larga; a veces, incluso dolorosa.
Pienso que la espera se realiza sabiamente cuando esta no es pasiva; cuando se espera, pero no se deja atrás todo lo demás. Y es que a veces duele, seguir caminando mientras se espera, pero duele menos cuando se entiende que es lo más sensato.
La espera...
[...]
A veces, uno calla mientras espera.
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