domingo, 29 de marzo de 2015

Fulgor

Acto 1:

Resulta que llevamos toda la vida sin ser algo más que una mezcla de cualidades y sentimientos predeterminados. No es algo común, pero a veces puede bajar un ángel y decirte que puedes ser como tú sientas. Nunca nos sirvió ser nosotros, pero ahora viene alguien y te dice que puedes, y claro..., no le crees.

Resulta que intentamos negarlo, pero la verdad nos atraviesa como una radiación solar. Podemos negarlo; podemos hacer como si no fuese así, pero las llamas de la verdad nos acabarán consumiendo igualmente.

El ángel sabe más de lo que crees. El ángel sabe tanto, que a veces intenta dudar de lo que sabe, pero si duda, no va a encontrar más que vacíos. El ángel sabe que, aunque no como pretende, puede traer luz a la oscuridad; aunque ello le suponga empujarte al caos.

El ángel sufre, pero cree que siempre estará haciendo lo mejor mientras haya luz de por medio; aunque sienta que la esté lanzando a un agujero negro. El ángel sufre, porque ve que esa no es la solución idónea..., pero parece que tampoco lo han sido las demás.

El ángel hizo lo que pudo, pero ya no puede más; el ángel crea más caos, y os engulle; el ángel ha cumplido su cometido por rendición.


Acto 2:

Aunque lo ha conseguido, no podrá recuperar ya todo lo perdido por el camino. O sí. El tiempo lo dirá. Aunque no haya sido como esperaba, lo importante es que ha logrado su objetivo: el de hacer que te encontrases.

Por fin, el ángel te ha podido dar esas alas que tanto necesitabas. Se siente bien por ello, pero el ángel sigue enfermo, por muchas razones que solo el tiempo bien aprovechado podrá curar. Ahora, desde abajo, contempla la majestuosidad de tu forma de volar, y espera a que en el tiempo volváis a coincidir, porque ahora ya puede ser mejor de lo que fue; porque el tiempo pasado no se ha perdido, exactamente, pero él sabe, y tú también, que todo podría haber sido mejor.


Acto 3:

No se puede detener la luz que mueve las cosas; no se puede detener nada. Intentar detener el progreso, intentar detener lo que sentimos..., intentar detener el propio caos es inviable. La vida es caos, y el caos nunca podrá detenerse. Los vasos se derramarán; lo que domine sin algo más que raíces, morirá; hasta los agujeros negros se desgarrarán. Catastrofismos, vaya. O no.

Si intentamos detenernos en algo concreto..., si intentamos detenernos en un lugar, a pesar de que vayan llegando las olas, puede que nos arrastre el mar; si intentamos ocultarnos de la luz, la luz seguirá ahí, y podemos intentar ser lo que somos, o seguir negándonos..., y poco hay más feo que ver a alguien que no quiere mostrarse.

Puede que las cosas no sean como antes, y puede que los cambios asusten, pero si antes las cosas no estaban bien, justo un cambio era lo necesario para variar el resultado. El ángel te llevó a la luz, y te dio alas para volar. Y es que ahora que los dos podéis volar, los dos sois libres de hacerlo en la dirección que queráis..., mas solo uno mismo es el que se puede hacer o podrá ir haciéndose la idea de hacia dónde lo hará.

Es verdad que la fe es la que nos permite darle un sentido a nuestras vidas. El ángel, a pesar de ser humano, con sus defectos físicos y mentales, con todos sus problemas, por algún motivo, hay días que siente que es lo mejor; hay días que siente que lo que él dará, no podrá compararse a lo que pueda dar nadie por quien (él) ama..., y hay días que no. Pero él, entre otras cosas, sabe que debe creer que puede, porque casualmente, el no siempre viene con los días borrosos, y el  con los días claros.

El ángel tiene claro que volará hacia donde manos cálidas le devuelvan el sentido; el ángel tiene claro que le dará sentido a quien lo necesite, y aún más a quien le necesite.

La luz se derramó, y como el deshielo en primavera, hizo fluir la vida por todos los recovecos que pudo hallar. Hablar ahora es presuponer, pero el ángel pudo darse el lujo de ser optimista, porque sabía cuánta luz había en aquel vaso, ahora derramado; porque ya no era el único que lo veía; porque ahora que había luz, no había nada mejor que asimilarla (y además, no había otra opción).

Porque con los ojos llenos de luz, volvió a entender, que presuponer que iría bien, siempre sería un riesgo que valdría la pena correr, por muy difícil que fuese todo.

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